Abracemos la libertad

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Abracemos la libertad

Laura Sauma

Me gusta pensar que soy una persona libre e independiente. Sin embargo existe algo que no deja de sorprenderme: como sociedad hemos ido perdiendo nuestra libertad. ¿Qué nos hizo ceder la responsabilidad y el derecho de hacernos cargo de nuestra propia vida? Me parece que como muchos otros procesos sociales, fue ocurriendo gradualmente. Quizás algunos sí se dieron cuenta, pero lo dejaron pasar o no le dieron importancia, y otros sucumbieron ante el encanto del asistencialismo.

El mal Estado. Pues, sea cual sea la razón, aquí estamos, con un Estado que pretende hacerse cargo de más de lo que debe y aún más de lo que puede y que ha beneficiado a los grupos de presión sobre la mayoría. Tenemos más de 300 instituciones, muchas de las cuales me gusta llamar zombis, porque a pesar de estar muertas les inventan funciones; todo por mantenerlas vivas, aunque ya su objetivo original no se cumpla.

Pero lo realmente impresionante aquí es que una cifra cercana al 85% de la población que no trabaja en el sector público y es perjudicada diariamente por esa maraña burocrática que sufraga con el 58% de sus utilidades sigue favoreciendo en las elecciones a los partidos promotores del modelo estatista y asistencialista.

Una hipótesis al respecto. Así he empezado a trabajar en una hipótesis: ¿será que la misma doctrina liberal nos impide hacer tribu, seguir a un líder y luchar por una causa? Esto porque después de la luna de miel no hay manera de que consoliden partidos liberales capaces de marcar la diferencia en nuestro país. Alguien me decía que eso es propio de los costarricenses, pero yo lo dudo, puesto que los contrarios sí logran organizarse y conseguir representación.

La educación pública -baluarte que se han adjudicado los grupos de izquierda- fue una idea liberal: todos debíamos tener igualdad de oportunidades para ser mejores ciudadanos y así aportar más al país. ¿Entonces cómo fue que llegamos a que el país es quien debe aportarme de forma “solidaria” y cómo revertimos esta tendencia? ¿Será que la responsabilidad nos da miedo y se nos olvidó lo maravillosa que es la libertad?

Abrazar la libertad. A mí me gustaría vivir en un país donde se premie al esforzado y no al aprovechado, con educación de calidad y trámites simples. Un país donde la solidaridad se aplique para ayudar a las personas a valerse por sí mismas, cuando por circunstancias de la vida así lo requieran. Y, sobre todo, en un país donde el romance autodestructivo con el asistencialismo sea erradicado.

Por eso creo que estamos en un punto de no retorno como sociedad y tenemos un arduo camino por delante. Como minoría los liberales tenemos que encontrar la forma de unirnos, difundir nuestras ideas, derribar tabúes y hacer evidentes las creencias equivocadas. Para eso tenemos que cambiar la forma de comunicarnos y ceder en algunas cosas, si de verdad queremos a la libertad de nuevo como eje del funcionamiento de nuestro país.  Por eso mismo la política debe importarnos, porque nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida. Abracemos pues la libertad que está en nuestro ADN y necesita que todos los que la tenemos viva la despertemos en los demás.

 

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