Blog Archive

PorAnfe

Consulta al Gobierno de la República: Pago de bonos

La Junta Directiva de la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE), ante el amable ofrecimiento de la “mano para trabajar” hecha por el señor Presidente de la República, don Carlos Alvarado Quesada, solicita de forma respetuosa a la Presidencia de la República, Ministerio de Hacienda y a la Tesorería Nacional que, con el fin de trabajar bajo el marco de Legalidad y ante las dudas surgidas por el pago de deuda sin sustento legal, nos ayuden a responderle a la ciudadanía las siguientes inquietudes:

Primero: ¿Cuáles fueron los bonos que han sido pagados al margen de la ley? Una serie de bonos fueron pagados sin mandato legal, lo cual es de suma preocupación ya que significa infringir la Ley de Administración Financiera.

Creemos, en aras de la transparencia que debe regir en los mercados financieros, que es de vital importancia encontrar la respuesta a esta interrogante.

Segundo: ¿Cuál es la procedencia del dinero utilizado para pagar dichos bonos? Ante la falta de liquidez que afronta el país es importante saber, para la transparencia de las finanzas públicas y la rendición de cuentas, cuál es la procedencia del dinero utilizado.

Tercero: ¿Se han emitido bonos de deuda sin mandato legal? Dado de que no está claro de dónde surgió el dinero para pagar acreedores, surge la duda de si también se emitieron bonos sin mandato legal.

Esclarecer esto es importante para poder seguir garantizando el valor de la deuda costarricense en los mercados financieros.

Ante la situación que vive Costa Rica, el evitar asimetrías innecesarias en la información de los mercados y brindar seguridad jurídica a quienes confían en que el Estado costarricense pagará sus deudas dentro del marco de la legalidad, más que un deber, es una necesidad.

Confiamos en una respuesta del Ejecutivo y esperamos poder seguir colaborando en la construcción del país de principios que los habitantes de Costa Rica merecen.

Junta Directiva de la Asociación Nacional de Fomento Económico

PorAnfe

Abracemos la libertad

Laura Sauma

Me gusta pensar que soy una persona libre e independiente. Sin embargo existe algo que no deja de sorprenderme: como sociedad hemos ido perdiendo nuestra libertad. ¿Qué nos hizo ceder la responsabilidad y el derecho de hacernos cargo de nuestra propia vida? Me parece que como muchos otros procesos sociales, fue ocurriendo gradualmente. Quizás algunos sí se dieron cuenta, pero lo dejaron pasar o no le dieron importancia, y otros sucumbieron ante el encanto del asistencialismo.

El mal Estado. Pues, sea cual sea la razón, aquí estamos, con un Estado que pretende hacerse cargo de más de lo que debe y aún más de lo que puede y que ha beneficiado a los grupos de presión sobre la mayoría. Tenemos más de 300 instituciones, muchas de las cuales me gusta llamar zombis, porque a pesar de estar muertas les inventan funciones; todo por mantenerlas vivas, aunque ya su objetivo original no se cumpla.

Pero lo realmente impresionante aquí es que una cifra cercana al 85% de la población que no trabaja en el sector público y es perjudicada diariamente por esa maraña burocrática que sufraga con el 58% de sus utilidades sigue favoreciendo en las elecciones a los partidos promotores del modelo estatista y asistencialista.

Una hipótesis al respecto. Así he empezado a trabajar en una hipótesis: ¿será que la misma doctrina liberal nos impide hacer tribu, seguir a un líder y luchar por una causa? Esto porque después de la luna de miel no hay manera de que consoliden partidos liberales capaces de marcar la diferencia en nuestro país. Alguien me decía que eso es propio de los costarricenses, pero yo lo dudo, puesto que los contrarios sí logran organizarse y conseguir representación.

La educación pública -baluarte que se han adjudicado los grupos de izquierda- fue una idea liberal: todos debíamos tener igualdad de oportunidades para ser mejores ciudadanos y así aportar más al país. ¿Entonces cómo fue que llegamos a que el país es quien debe aportarme de forma “solidaria” y cómo revertimos esta tendencia? ¿Será que la responsabilidad nos da miedo y se nos olvidó lo maravillosa que es la libertad?

Abrazar la libertad. A mí me gustaría vivir en un país donde se premie al esforzado y no al aprovechado, con educación de calidad y trámites simples. Un país donde la solidaridad se aplique para ayudar a las personas a valerse por sí mismas, cuando por circunstancias de la vida así lo requieran. Y, sobre todo, en un país donde el romance autodestructivo con el asistencialismo sea erradicado.

Por eso creo que estamos en un punto de no retorno como sociedad y tenemos un arduo camino por delante. Como minoría los liberales tenemos que encontrar la forma de unirnos, difundir nuestras ideas, derribar tabúes y hacer evidentes las creencias equivocadas. Para eso tenemos que cambiar la forma de comunicarnos y ceder en algunas cosas, si de verdad queremos a la libertad de nuevo como eje del funcionamiento de nuestro país.  Por eso mismo la política debe importarnos, porque nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida. Abracemos pues la libertad que está en nuestro ADN y necesita que todos los que la tenemos viva la despertemos en los demás.

 

PorAdministrador

Foro Cecilia Valverde: El papel de la mujer liberal en Costa Rica

En celebración del Día de la Mujer hicimos homenaje a doña Cecila Valverde y a su trayectoria en la difusión de las ideas de la libertad en Costa Rica. Contamos con la participación de doña Marta Blanco, doña Vanessa Calvo y doña Silvia Castro, quienes comentaron sobre sus inicios en el liberalismo y el papel en la difusión de las ideas de la libertad.

PorAdministrador

¿Qué nos quiere imponer el próximo gobierno?

Andrés Alvarez Quesada

Nadie más que uno sabe lo que es mejor para sí mismo. Esto no implica que seamos perfectos, que lo sepamos todo y que no nos equivoquemos nunca, porque sí, por supuesto que cometemos errores y los vamos a seguir cometiendo. Sin embargo, en la medida en que los cometamos por nuestra propia cuenta -y no por decisión de otros- tendremos un aprendizaje y sabremos mejor qué decisiones tomar en el futuro.

El filósofo John Stuart Mill nos decía que si una persona posee una suma razonable de sentido común y de experiencia, su propia manera de ordenar su existencia es la mejor, no porque sea la mejor en sí, sino porque es la suya propia. Así que tendremos aciertos y errores en nuestra vida, ¡pero serán los nuestros! Y dependerá de nosotros mismos cómo lidiemos con ellos y con las circunstancias que nos rodean. Sin embargo, hay quienes piensan diferente y creen que la mayoría de las personas no saben que es lo mejor para sí mismas.

No pasaría nada si estas personas piensan así y listo. Pero no, resulta que además creen que ellas (u otras personas) sí saben lo que es mejor para el resto y, por lo tanto, deberían tomar ciertas decisiones por todos nosotros. Lamentablemente encuentran que desde el Gobierno (o el Estado, en general) es la mejor forma de hacerlo. Así que tratan de imponer a los demás su visión de cómo debería ser la sociedad o cómo debería planificarse nuestra economía.

¡Qué mejor ejemplo que nuestra política electoral en estos momentos! El partido de colores florenses cree que ellos desde el gobierno deben decidir el precio del arroz, que solo Recope puede importar hidrocarburos y que tenemos que comprar ciertos productos más caros como el azúcar, cerveza, lácteos y, hasta hace poco, cemento. No les interesa si el arroz puede ser más barato si el gobierno no decidiera el precio, tampoco les parece relevante si alguien más puede importar y distribuir hidrocarburos de forma más barata y, mucho menos les preocupa que  los consumidores tengamos que pagar más caros esos productos con tal de proteger grandes empresas que en realidad no necesitan ninguna protección.

Por otro lado, un partido que se dice más iluminado cree que desde las esferas del poder político se debe decidir con quién pueden o no casarse las personas y tratar de difundir sus ideas o valores religiosos desde las instituciones del Estado. No consideran que limitar esas decisiones es incidir en la vida privada de las personas, desconocer la igualdad de ellas y predicar en contra de minorías.

Necesitamos menos Estado y más libertad. Decidir si comprar arroz, azúcar, cerveza o lácteos más baratos porque son importados debería ser una decisión nuestra. Al igual que las personas deberían decidir con quién casarse, sin importar su sexo. Es tanto derecho humano el tener una economía próspera donde los consumidores tengan libertad de elegir qué productos comprar y al mejor precio, así como con quien convivir en familia. No faltaran excusas para intentar decirnos lo contrario y justificar estas imposiciones.

Elijamos responsablemente, según nuestras creencias y convicciones, pero no se las impongamos a los demás, mucho menos desde el Estado. Sepamos ser libres, no siervos menguados de partidos políticos, oficinas de gobierno o curules legislativas.